La gran mayoría de nosotros nos conectamos a
un proveedor de acceso a Internet (PAI) con el que suscribimos el
contrato de conexión, a través de la línea telefónica de nuestro domicilio.
Esto se llama abrir una cuenta, y para que nadie más que nosotros pueda
usar este acceso, nos proporciona un Identificador de Usuario
(login) y una Password (palabra de paso, clave). Luego es él
quien se encarga de conectarnos a una de estas redes regionales (o nacionales)
de las que antes hablábamos. El proveedor es nuestra puerta de entrada en la
gran Red.
En su versión más sencilla, desde nuestro ordenador
personal, la información se envía a la línea telefónica a través
del módem, que convierte la información digital en una señal analógica de
audio, que es para la que está preparada la línea telefónica. La señal es
recibida por el proveedor a través de su módem analógico y la redirige por otro
adaptador (aquí ya no se llama módem), ahora digital, y otra línea de mayor
velocidad hacia alguno de los nodos, para desde allí viajar a su destino. Es
posible que su destino no pase por la necesidad de llegar a alguno de los nodos
internacionales, pudiendo darse el caso de que desde cualquier nodo anterior
acceda a su destino final, con lo que la transmisión es entonces más rápida.
Existen otras opciones de conexión que mejoran la velocidad
de acceso a la Red. Nos referimos a las líneas telefónicas con tecnología
R.D.S.I. (Red Digital de Servicios Integrales), o A.D.S.L. (Línea Digital
Asimétrica de Abonado), proveedores de servicios por cable y los que lo
hacen vía satélite. Cualquiera de ellas tiene sus peculiaridades y sobre todo
sus precios, pero son una alternativa a tener en cuenta si vamos a ser usuarios
intensivos, pues la velocidad que ofrecen es muy superior a la de los módems
tradicionales.
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